Comer insectos es la comida y la proteína del futuro


Comer insectos es la comida y la proteína del futuro
Mariam Herrera
por Mariam Herrera

Ante el vertiginoso crecimiento de la población, la falta de proteínas y el aumento de la pobreza, es necesario encontrar una fuente de proteína animal que asegure un consumo alimenticio. Si la carrera contra el hambre y la escasez no se gana, todos seremos perdedores.

A través de los diferentes medios de difusión nos enteramos de los estragos que causa el hambre, sobre todo en países del Tercer Mundo. Abundan las opiniones de los especialistas acerca del hambre y cuál será su futuro; éstas señalan que Latinoamérica es una de las regiones del mundo que ha sufrido hambrunas sistemáticas.

Centenares de miles de personas mueren de hambre todos los años. Esto hace necesario que se encuentren nuevas fuentes de alimentos y proteínas. Si analizamos las curvas de crecimiento de la población mundial, la de las proteínas y la de la pobreza, encontramos que la primera tiende a ascender de manera vertiginosa, contrariamente a la segunda; y la tercera tiene una caída casi vertical.

Los insectos constituyen una gran fuente de proteína animal, totalmente desaprovechada, que podría asegurar un consumo alimenticio según los requisitos biológicos de nutrición, si se crean centros masivos de cultivos en áreas regionales, aplicados a las zonas que más necesiten de este alimento adicional.

De los pocos estudios realizados sobre la cantidad de proteínas y vitaminas que estos animales contienen, se desprende que poseen una gran riqueza proteínica con un alto valor nutritivo y son una fuente confiable de alimentación.

Los insectos son el grupo zoológico que ha dominado en la Tierra y constituyen las cuatro quintas partes del reino animal debido a su gran potencial reproductivo.

La importancia de los insectos radica en que son los principales competidores del hombre por la comida, lo mismo en el cultivo de vegetales como en la cría de ganado, además de que trasmiten un sinnúmero de enfermedades y los productos químicos que los controlan alteran el ambiente.

En muchas partes del mundo, sobre todo en regiones donde las condiciones geográficas son adversas, los insectos constituyen una fuente de proteínas. En algunas zonas áridas las únicas fuentes de proteínas de valor significativo provienen de los insectos. Los aborígenes de muchos países subdesarrollados almacenan insectos para contar con comida en épocas de escasez, como en algunas partes de Australia, Asia y África.

Según el país, podemos citar un gran número de especies de insectos comestibles. En algunas partes se comen los huevecillos, larvas y pupas de mariposa, escarabajo, hormiga, abeja, avispa, mosca, termita, libélula, chapulín, chinche, piojo y cigarra, así como también algunos de sus adultos.

Con el cultivo de insectos no se corre el riesgo de comprometer la producción vegetal ni la animal, sino que se las complementaría y se lograría un acercamiento mayor a la realidad de las costumbres tradicionales de alimentación.

El ciclo de vida de los insectos es muy corto, y en algunas especies una pareja puede tener una descendencia de 47 millones por mes, número que ascendería en condiciones controladas.

Tihon realizó en 1946 un estudio en las termitas, comúnmente llamadas hormigas blancas, para demostrar su valor nutritivo, y encontró que contenían 36% de proteína; Auffret y Tanguy realizaron otro en 1947-1948, y dicho porcentaje se elevó a 45,6%; Calvert y colaboradores reportaron un 63,18% para las pupas de mosca doméstica. Todos estos estudios confirman el valor nutritivo de algunos insectos comestibles.

En otros grupos de insectos como el de los chapulines (Orthoptera acrididae), este porcentaje aumenta. En el caso de la langosta (Schistocerca gregaria) llega al 75% por gramo (Guggenheim, 1945), por lo que no es sorprendente que estas dos especies formen parte de la dieta de algunos países. Reportes de la FAO señalan que los consumidores de estos alimentos no presentan síntomas de avitaminosis.

Las chinches y sus huevecillos, alimento común en algunas zonas de México, poseen grandes cantidades de proteínas. El "ahuahutle", conocido como caviar mexicano, huevecillos de chinches acuáticas pertenecientes a las familias Corixidae y Notonectidae, posee un 63,80% de proteínas y el porcentaje en sus adultos es de 53,80% (Massieu, et al., 1959).

El porcentaje de proteínas de una hormiga comestible del sur de la República Mexicana (Hymenoptera formicidae) es semejante al de la carne de res y la de pollo. Las hormigas tienen un 20,4%, la carne de res un 21,5% y la de pollo 20,2%; pero las primeras contienen mayor proporción de vitaminas, como la tiamina (4,10%); la carne de res y la de pollo alcanzan un 0,88%. Las hormigas también son ricas en riboflavina y niacina.

A diferencia de los insectos, los vegetales tropicales tienen un bajo contenido de vitamina B. Ésta es de gran importancia porque regula el funcionamiento del organismo al entrar en la composición de numerosas enzimas catalizadoras de procesos bioquímicos esenciales; de ahí la importancia de las proteínas, porque éstas forman las enzimas. En estudios se ha encontrado que los insectos poseen gran cantidad de aminoácidos, lo que se ha cotejado con el patrón de la FAO 1957.

Josué de Castro llama "hambre específica" a la carencia de minerales en la alimentación. La falta de éstos ocasiona enfermedades como el bocio (deficiencia de yodo), el raquitismo (deficiencia de calcio), etcétera. En los insectos encontramos también grandes cantidades de minerales; la langosta del desierto es rica en calcio, fósforo y hierro (6,2%, 32,4% y 2,06%, respectivamente), el chapulín del género Oxya es rico en fósforo (40,10%) y sodio (17,20%), y las termitas, en fósforo y potasio.

Análisis efectuados por Antonioni (1951) en orugas señalaron que más del 90% de sus 268 calorías eran digeribles. Si comparamos el valor calórico de un insecto con respecto a otros productos de obtención proteínica animal, se nota que ésta es muy superior.

El Instituto Nacional de la Nutrición de México realizó en 1963 un estudio sobre los alimentos que consumen los habitantes del país; de 817 alimentos analizados, 33 resultaron con un alto contenido proteínico, y de éstos 3 son insectos. Se llegó a las mismas conclusiones respecto al contenido de vitaminas y minerales de estos insectos.

El cultivo de insectos se ha llevado a cabo con diferentes fines, ya sea para realizar estudios de tipo genético, Drosophila (diptera-drosophilidae); para emplearlos como depredadores, Chrysopa (neuroptera-chrysopidae), o bien para radiar individuos con dosis esterilizantes de cobalto 60. Algunos insectos también se han cultivado masivamente para emplearlos como parásitos; tal es el caso de las avispas de las familias chalcididae y braconidae del orden Hymenoptera Recientemente se llevaron a cabo diversos estudios para conocer mejor la riqueza proteínica y el potencial reproductivo de los insectos como transformadores de los desechos orgánicos, fertilizantes o alimento de animales, como el cerdo.

En un estudio realizado en la capital mexicana acerca de la posible aceptación comercial de un producto alimenticio a base de insectos, se llegó a la conclusión, que pronto las personas consumirían insectos como alimento cotidiano.

Desde el punto de vista económico, con el cultivo de insectos se podría crear una industria que permitiría:

  1. Proveer un alimento rico en proteínas y minerales.
  2. Crear una fuente de empleo en los centros de producción masiva en el área de consumo.
  3. Efectuar un procesamiento industrial en las zonas rurales para abastecer el mercado interno.
  4. Lograr la entrada de más divisas.
  5. Influir determinantemente en evitar el fenómeno migratorio de las áreas rurales a las urbanas.

Esta nueva fuente de proteína animal no necesita de grandes extensiones de terreno ni depende de cambios climatológicos. Por lo tanto, se trata de producciones industriales en el mismo lugar de consumo que no alteran el ambiente y por lo mismo dejan intacta la capacidad productiva de las proteínas convencionales.



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