15 agosto
REVISTA Ideas Online

El Camino de Santiago

El Camino de Santiago se ha convertido en algo muy emblemático en la historia y cultura españolas. Son muchos peregrinos los que todos los años deciden lanzarse y hacer esta ruta mágica. Algunos lo hacen por razones espirituales, bien porque sean creyentes devotos o bien porque hayan hecho una promesa y quieran dar las gracias al haberse cumplido aquello que pidieron. Otros, sin embargo, hacen el camino, por amor a la naturaleza o al deporte y la aventura.

Las rutas que se pueden realizar son varias, aunque la que goza de más popularidad entre los caminantes es el Camino Francés que empieza en Roncesvalles. Son 600 los kilómetros que separan Santiago de esta pequeña localidad navarra situada en el corazón de los Pirineos. A pesar de ser una distancia considerable, el camino se hace entretenido gracias a la compañía de los otros peregrinos que uno puede encontrar por el camino y a la hospitalidad de las gente residente en el norte de la Península.

Los peregrinos tienen la oportunidad de hospedarse en albergues públicos o privados en los pueblos y ciudades distribuidos a lo largo del camino por las tres comunidades autónomas por las que transcurre la Ruta del Francés. En cada ciudad el peregrino tiene la oportunidad de dejarse sellar la credencial con el fin de obtener la Compostela, una vez alcanzada la ciudad de Santiago. Muchas de las ciudades situadas en Castilla y León y Galicia han sido nombradas Patrimonio de la Humanidad y no es de extrañar, pues en muchas de estas localidades se entremezclan paisajes pintorescos y verdaderas obras arquitectónicas con un cuidado sin igual de las calles y plazas que confieren un carácter único y especial a esta zona de España.

Una vez acabado el Camino el peregrino se encontrará en una de las más bellas ciudades del mundo, según muchos. Una ciudad lluviosa y con poco sol, pero con un paraje natural del que no muchas ciudades pueden presumir. En Santiago no solo quiere obtener el peregrino su compostelana, sino que también hará una cola de unas dos horas para abrazar al Santo y con un poco de suerte ver el Botafumeiro. Más tarde y después de haber disfrutado de una buena comida gallega en uno de los muchos mesones de la ciudad, el caminante puede dirigirse hacia Finisterre para bañarse en la playa da Langosteira, situada en la Costa de la muerte. Allí el peregrino celebrará el haber podido completar con éxito el camino y disfrutar de un paisaje encantador en una espectacular puesta de sol que solo ofrece la Cordillera Atlántica.

¡Adéntrate en el camino, empieza la aventura!